La floristería de autor que vende emociones y no ramos

Entre ramos que rehúyen las modas y muebles pintados a mano, El Buen Jardinero se ha convertido en algo más que una floristería de barrio. Detrás del mostrador están David y Hari, una pareja que decidió reinventarse tras dejar atrás el periodismo y el sector servicios para apostar por el arte floral como forma de vida.

Desde un pequeño local que funciona como taller creativo y punto de encuentro vecinal, han construido un proyecto vocacional basado en la artesanía, la coherencia estética y una relación cercana con sus clientes, demostrando que también desde lo pequeño se puede crear identidad y comunidad.

La reinvención vital detrás de El Buen Jardinero

Pregunta: ¿Lleváis mucho tiempo trabajando juntos?

David: Abrimos la tienda en abril de 2021, así que llevamos unos cuatro años y medio. Al principio Hari se encargaba de las redes sociales, la contabilidad y toda esa parte, pero después hizo un curso de arte floral y ahora los dos somos floristas.

Hari: Floristas, pero cada uno con su bagaje. Él ahora aporta mucho más en el día a día; por ejemplo, hoy mismo ha hecho un presupuesto íntegro.

P: ¿A qué te dedicabas antes, Hari?

Hari: Tenía un trabajo bastante duro, en el departamento de reclamaciones de Vodafone. Por las mañanas me insultaban y por las tardes venía aquí, hacía vídeos y me relajaba. Era autónomo colaborador, y David me decía: “Vamos a hacer un vídeo, haz como que haces un ramo”.

P: ¿Y cómo os encontrasteis en el camino?

David: Estamos casados. Nos conocimos en 2013 y nos casamos en 2016. Yo era periodista en el Heraldo y, tras un ERE, al día siguiente les dije en casa: “Creo que voy a hacer una floristería”. Hari me animó mucho a dar el paso porque yo estaba bastante quemado después de muchos años. Siempre he sido periodista de reportajes y veía que el sector iba claramente a peor.

P: ¿Cómo fue esa transición del periodismo a El Buen Jardinero y qué papel tuvo Alemania?

David: En el Heraldo hacía una página de consejos de plantas que se llamaba precisamente El Buen Jardinero. El día del ERE fue duro: llevaba 20 años en el periódico y tenía 45. Aun así, sabía que era para mejor. Busqué en Google “cómo encontrar el trabajo de tus sueños” y di con una charla TED que decía que debías dedicarte a aquello que harías gratis un fin de semana. Pensé en la jardinería, pero por una cuestión de edad opté por la floristería. Me reciclé profesionalmente sin complejos: ya no tenía nada que demostrar, había ganado premios nacionales e internacionales de periodismo.

Monté la tienda como me gustaría que fuera mi casa. No vendemos nada que no nos parezca genial a los dos. Huimos de las modas; por ejemplo, ahora están de moda las “cabezas” y nosotros no las hacemos porque no nos gustan. Todo es súper artesano: incluso los cajones los pinto yo, les pongo las patas y los tiradores.

Artesanía, barrio y vocación

P: ¿De dónde vienen esas influencias alemanas y búlgaras que mencionáis?

David: Hice mi último año de universidad en Alemania y hablo alemán. Más adelante, gracias a una beca Erasmus Plus para adultos, me fui a Múnich a formarme con Petra Müller, una florista excepcional que hace bodas para millonarios por toda Europa. Aprendí, por ejemplo, que se levantaba a las cinco de la mañana para ir al mercado. Los alemanes revolucionaron la floristería en los años noventa y nuestro estilo bebe mucho de ahí.

P: ¿Cómo elegís a los proveedores?

David: Busco en alemán, búlgaro, inglés y español. Encontrar buenos proveedores es muy difícil, y cuando los encuentras los cuidas como oro. Traemos jarrones de Holanda, lámparas Tiffany y objetos de Alemania. Lo que nos diferencia es que no usamos ningún contenedor tal cual llega: casi todo lo pintamos o lo transformamos.

P: El cliente que viene aquí busca algo especial, ¿verdad?

David: Sí. No somos la floristería de “dos claveles del chino”. Para el Pilar o Todos los Santos hacemos ramos espectaculares por 15 o 25 euros. Nuestra Navidad dura hasta el 7 de enero y organizamos talleres que se agotan en minutos.

Hari: David siempre dice que somos una “floristería de autor”. No trabajamos la gerbera ni el blanco o el rojo puro, salvo en San Valentín y un poco a regañadientes. Si alguien nos pide un ramo clásico, lo derivamos a la floristería más cercana, porque necesitamos sentirnos identificados con lo que hacemos. Una amiga nos dijo una vez que no vendemos flores, sino sensaciones y emociones.

P: Tenéis muchísimos seguidores. ¿Cómo empezó todo ese hype?

David: Fue bastante intuitivo. Yo ya tenía unos 3.000 seguidores de la etapa de consejos en el periódico. Cuando abrimos la tienda, la gente hacía hasta 45 minutos de cola.

Hari: Yo llevo las redes porque es otro lenguaje. Al principio David no quería hacer unboxings porque venía de la prensa tradicional, donde todo tiene que estar montado y perfecto. Ahora yo grabo, él habla y yo edito.

David: Tenemos una relación excelente con el barrio. Hari incluso asesora a otros comercios con sus redes sociales. Elegimos esta zona porque Gascón de Gotor parece un pequeño pueblo dentro de la ciudad. Compramos el local y lo reformamos nosotros mismos, y al hacerlo descubrimos que el techo era metro y medio más alto de lo que parecía.

P: ¿Dónde os veis dentro de cinco años?

David: Mi mayor miedo es perder la emoción. No quiero cerrar agendas de bodas con años de antelación porque quiero seguir inventando objetos. Mi sueño sería ser “millonario” para poder tener empleados que se encarguen de los grandes eventos mientras yo me quedo aquí pintando una cajica y equivocándome. Me gustaría crear sucursales con distintos espíritus: una más francesa, otra más nórdica…

Hari: El principal reto ahora mismo es el espacio; la tienda es pequeñita. Pero David ya tiene en la cabeza cómo reorganizar todo el mobiliario para poder hacer montajes grandes.

David: El consejo que daría a cualquiera que quiera abrir un negocio es que sea distinto y vocacional. No puedes ser un ogro: tienes que ser empático y hacer que el cliente se sienta a gusto. Y, sobre todo, no dejes que nadie te plante la semilla de la duda. Si crees en tu proyecto y te diferencias, funciona.

Fotografías de Marcos Cebrián

Vídeo de Arturo Gascón.

“Huimos de las modas: si algo no nos gusta, no lo hacemos”

David y Hari, El Buen Jardinero

“No vendemos nada que no nos parezca genial a los dos.”

David y Hari, El Buen Jardinero

“Busqué cómo encontrar el trabajo de tus sueños y entendí que tenía que dedicarme a lo que haría gratis un fin de semana”

David y Hari, El Buen Jardinero
  • El Buen Jardinero

  • C. del Porvenir, 15, 50006 Zaragoza

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